Las disputas a nivel global por la estructura del nuevo orden están salpicando a todas partes y en todas las direcciones. Tanto a nivel países cómo en las diferentes clases y sus fracciones nadie puede escapar a esta turbulencia por el reparto mundial.
Las fracciones financieras han lanzado su ofensiva por el reparto del mundo construyendo un cuello de botella por el cual todos los sectores “productivos” y los propios Estados pelean por ese tanque de oxígeno llamado deuda.
Tal es la profundidad de la crisis del régimen capitalista que, mientras el gobierno nacional les dice a los gobiernos provinciales que no les transferirá recursos por coparticipación, estos últimos asisten a Wall Street para financiarse por medio de una nueva deuda en dólares con legislación extranjera, como es el caso de Córdoba y Santa Fe.
Ahora, los Estados provinciales tienen dentro de sus reparticiones un nuevo gobierno que ni siquiera demandó pasar por elecciones o constituir una lista política: son los acreedores privados. Así, cuando juzgamos por qué se aplican tales o cuales políticas públicas, debemos de mirar quienes son los propietarios de eso que llamamos “Estado”.
Por eso, la pelea de los trabajadores que comienza a delinearse en la estrategia institucional parlamentaria está perdida antes de comenzar. Porque lejos de recomponer una fuerza que pueda alterar las condiciones de empobrecimiento y precarización sostenida, se encierra en el cuello de botella de una situación promovida por la casta financiera a la que sólo asistimos como espectadores.
Ante ello, debemos construir horizontes ampliando el debate y la lucha golpeando la estrategia enemiga que hoy se cristaliza en esta oligarquía financiera. Es momento de calibrar la brújula para caminar en esa dirección.