Ahoras de que se produjera el anuncio del paro general de la CGT contra el proyecto de reforma laboral, la fabricante de neumáticos FATE anunció su cierre dejando a 920 trabajadores a la deriva. La empresa argumentó la imposibilidad de competir contra la apertura de importaciones que provienen en gran parte del continente asiatico.
En la misma sintonía, Paolo Rocca, de Techint, denunciaba el abandono del gobierno por no acompañar en esa apertura a determinados segmentos industriales.
Rocca explicitó su posición tras perder una licitación contra una empresa de la India para proveer tubos en el proyecto VMOS de YPF, una línea de gasoducto de 500 km que unirá Vaca Muerta Sur con las costas neuquinas para exportar gas natural licuado.
Algunos especulan sobre si los 920 despidos de Fate, en el marco del paro contra la reforma laboral, son coincidencia o timing del sector industrial para presionar al gobierno. Pero lo que queda en evidencia es que el proyecto divide las aguas hacia adentro del empresariado.
Y es que la reforma es quizás la traducción más explícita del poder que ejercen las corporaciones agroindustriales, hidrocarburíferas y mineras para sostener sus márgenes de ganancias en el país.
Estas requieren, por obligación sistémica, tornarse competitivas a nivel global y para ello demandan reducir el costo de la fuerza de trabajo buscando flexibilizar las condiciones de producción, intensificar el uso de maquinaria y técnica, y demostrar garantías jurídicas a los capitales que ingresan a sus proyectos valorizando sus actividades en la industria financiera vía bonos y acciones.
Las leyes del trabajo son reformadas en un país que registra a más del 50% de la población viviendo del emprendedurismo, trabajo por aplicaciones o “changas”, y donde los “registrados” son monotributistas.
Justamente allí está su principal objetivo: intensificar la fragmentación de quienes dependen del desgaste de sus músculos y cerebros para vivir a diario.
Ante ello, la tarea de nuestro tiempo es convertir el problema de la precarización en una oportunidad de lucha y una política activa de acumulación de fuerzas para elevar el reclamo hacia la dignidad del trabajo.