La guerra en el Golfo Pérsico deja al desnudo que el conflicto tiene como objetivo el futuro dominio de la globalización.
Desde los ataques iniciados por la Fuerza Internacional de Estabilización formada por los ejércitos estadounidense e israelí (FEI, por sus siglas en inglés) a Irán el pasado 28 de febrero el estado de conflicto no ha parado de crecer.
En ese escenario lo que en apariencia transcurre como una “guerra regional” esconde algunos rasgos principales de la pelea en curso.
El factor que hizo erupcionar la contienda global ha quedado señalado por el cierre del Estrecho de Ormuz. Este paso marítimo, por el cual circula una quinta parte del petróleo crudo mundial, sirve para la producción de combustible y derivados que influyen en otras cadenas productivas, como insumos o fertilizantes agrícolas.
Ese paso de 33 kilómetros en su punto más angosto, controlado por Irán, funciona como la canilla que permite abrir o cerrar el paso de combustible al mundo. El impacto del bloqueo ha generado el encarecimiento del combustible alcanzando un récord desde la guerra en Ucrania en 2022.

En ese sentido, la acción impulsada por las FEI ha arrastrado a todos los países del globo, quieran o no, a ser parte del conflicto interpelados por el precio de la energía.
Ataque a infraestructuras estratégicas
Entre el humo y el polvo de los bombardeos cruzados se esconden los objetivos estratégicos que los bandos intentan debilitar.
Luego de los ataques que habían efectuado las FEI a los bancos iraníes, el país persa respondió el viernes pasado atacando algunos edificios del corazón financiero del continentalismo norteamericano en Dubái (Emiratos Árabes Unidos) y Manama (Baréin), entre los que figuran el Citi Bank y Goldman Sachs.
El portavoz de la Guardia Revolucionaria, general de brigada Ali Mohammad Naeini, afirmó que “el ataque contra las sucursales de los bancos estadounidenses fue una respuesta a la agresión del enemigo contra dos bancos iraníes. Si el enemigo repite esta acción, todas las sucursales de los bancos estadounidenses de la región se convertirán en nuestros objetivos legítimos”.
En paralelo, una serie de ataques con drones y misiles lanzados desde territorio iraní provocaron el incendio de la terminal de Fujairah -un centro petrolero estratégico en los Emiratos Árabes Unidos- que desembocó en la suspensión de operaciones de carga y exportación de crudo.

Como antecedentes de este tipo de ataque, entre los primeros objetivos iraníes a inicios de marzo se encontraban los centros de datos de Amazon en los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, operador tecnológico que sirve de base a la conectividad digital pero que también es señalado como operador de guerra en la región.
El precio de la guerra
En ese contexto, la acción bélica implicó la movilización de recursos por parte de otros actores para reducir la tensión. De esta forma la Agencia Internacional de Energía (AIE) decidió liberar 400 millones de barriles de petróleo para amortiguar los aumentos del precio del combustible en el mundo.
“Los desafíos que enfrentamos en el mercado petrolero no tienen precedentes en escala, por lo tanto, estoy muy contento de que los países miembros de la AIE hayan respondido con una acción colectiva de emergencia de un tamaño sin precedentes”, confió Fatih Birol, director ejecutivo del organismo.
La AIE fue fundada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) con el fin de coordinar políticas energéticas con sus 30 países miembros y hacer de contrapeso a la OPEP.
Por su parte, el portavoz del Cuartel General Central de Jatam al-Anbia, Ebrahim Zolfagari, advirtió a las potencias de Occidente que “no podrán bajar el precio del petróleo y de la energía mediante medidas artificiales”.
“Con la expansión de la guerra en la región, ya advertimos que pueden esperar un barril de petróleo de 200 dólares, porque el precio del petróleo depende de la seguridad en la región, y ustedes son la fuente de esa inseguridad”, confirmó el portavoz.
El control principal
En una reciente nota, Alejandro Marco del Pont, sostiene que el conflicto ha develado que está en juego el control efectivo de los corredores comerciales por donde fluirán las mercancías en el siguiente orden mundial.
El ataque a la región persica permite visualizar al menos tres proyectos en curso que conectan el mundo Euro-Asiático y se tocan de forma neurálgica entre los intereses de Rusia, China e India en la región y por tanto el factor de contrapeso de la FEI.
El economista considera que, si las FEI lograran una victoria militar decisiva sobre Irán, “China perdería su acceso terrestre seguro a Europa, Rusia quedaría embotellada en el norte, y el Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC) se consolidaría como la ruta dominante”. “Israel se convertiría en el nodo central del comercio entre Asia y Europa”, amplia Del Pont.
En búsqueda de aliados
Con la iniciativa lanzada, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha instado a otros países a enviar buques de guerra para escoltar a los petroleros a través del estrecho de Ormuz.
Durante una entrevista con CNN, el embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Mike Waltz, defendió la postura: “Trump está pidiendo al mundo entero que se involucre. Irán no puede tomar como rehenes a sus economías”.
Por su parte, Francia confirmó de manera oficial que mantendrá su grupo de ataque de portaaviones en el Mediterráneo oriental y que no desplazará sus buques al estrecho de Ormuz a solicitud de Trump.
Kaja Kallas, representante de la Unión Europea (UE) para Asuntos Exteriores y Seguridad, en conferencia de prensa en Bruselas consideró que el estrecho de Ormuz está “fuera del ámbito de actuación de la OTAN”, aunque señaló su interés por mantenerlo abierto y que “por eso estamos debatiendo qué podemos hacer al respecto desde el lado europeo”.
La guerra tiene como telón de fondo el rediseño del orden en una nueva fase de globalización. Esto último puede confirmarse a partir de la confluencia mundial de los actores en el conflicto, independientemente a sus voluntades, quienes se han visto interpelados por los recursos en disputa.
En este marco, la guerra en Medio Oriente aparece como algo más que un conflicto regional. Se trata de una disputa que obliga a todos los actores a tomar posición, en un contexto donde las reglas del sistema internacional están en plena redefinición.


