Desde Tribuna dialogamos con trabajadores municipales quienes expresaron las duras condiciones que atraviesa el empleo público local en la región.
Por un lado, con Lucas Loyola, trabajador municipal de Bell Ville y secretario de formación sindical de la seccional ATE Villa María; por otra parte, con una trabajadora del área de salud del municipio quien prefirió guardar el anonimato de sus declaraciones.
Por su lado, Loyola comentó que la situación de los trabajadores municipales se caracteriza por la inestabilidad y el atraso salarial. Al respecto, criticó el rol del Estado para con los empleados.
“Hoy en día si nos quieren limpiar del sistema lo hacen a goteo, no como solían hacerlo anteriormente dónde se despedía masivamente”, señaló. “Con los puestos de planta permanente no se van cubriendo los cargos, a los contratados no se les permite acceder a planta y lo que se viene ahora es la nueva pero vieja y conocida modalidad del monotributo”.
Lucas comentó casos concretos dónde han registrado empleo en negro, como por ejemplo, las municipalidades de Luca, Etruria y Ausonia. Al respecto, afirma que allí son muy pocos los casos de “contratados y menos los de planta permanente”.
Además “los que vienen trabajando en negro, no lo hacen como jornaleros”, es decir que se “les paga en el día, están haciendo las tareas cotidianas que hace un planta permanente o un contratado.”
Loyola considera que esta realidad “no es una cuestión de un partido político” en particular”. En cambio, sostiene que se trata de “un sistema de funcionamiento dentro del sector político” por el cual se aplican políticas “nacionales, provinciales y municipales” que no reconocen “el valor de los trabajadores”. “Entre bomberos no se pisan las mangueras”, ironizó Loyola.
A su vez, consideró que el horizonte de los trabajadores pasa por “luchar por la estabilidad laboral” y eso “sólo te lo puede otorgar la herramienta de la huelga”, sentenció.
“Si no hay huelga, si no hay movimiento, si no hay visibilización de las problemáticas que los trabajadores estamos padeciendo, es muy difícil darla vuelta”, agregó.
El trabajo que no es salud
Por su parte, la trabajadora local del área salud, recordó haber ingresado hace más de tres décadas, bajo la modalidad de “facturante” con el régimen del monotributo, al cabo de unos años pasó a ser contratada y actualmente trabaja en planta permanente. En ese marco comentó su situación:
Yo me considero clase trabajadora porque si no trabajo, no como pero tantos años de inestabilidad no han sido dignos
Fueron años de no contar con cobertura de obra social, no tener aportes jubilatorios, siempre con el temor de ser el próximo despedido y el ‘sueño dorado’ que te hacía quedar en el sistema era pasar a planta.
Lo que más valoro de mi trabajo es el contacto con la gente porque garantizamos las políticas públicas pero también está ese sabor amargo de no haber contado con la cobertura de leyes laborales durante los años que sin duda nos hubieran dado un mayor bienestar de salud físico y mental. Porque siempre se habla de las políticas públicas pero no de los laburantes que las llevamos a cabo.
Respecto al contexto salarial considera que la precariedad se profundizó: “no es que antes ganábamos una fortuna, porque siempre fue un salario básico. Pero la devaluación feroz que hizo Milei nos liquidó y desde ahí nunca más nos pudimos recuperar”.
“Los trabajadores pasamos por una pandemia dónde tuvimos que ponerle el cuerpo y enfrentar la situación. Pasó y parece que nadie lo recuerda. Hoy, entre la precariedad laboral y el ajuste salarial enfrentamos esta nueva pandemia que es la pérdida del poder adquisitivo, tener que recuperarse y salir a conseguir otros laburos”, finalizó.


